Hace 24 años nacía Telemadrid, hoy contemplamos su agonía

Telemadrid comenzó sus emisiones el 2 de mayo de 1989 a las 17:45 horas cuando apareció en pantalla Isabel Prinz anunciando el nacimiento de una nueva televisión. Ese día se emitieron también una corrida de toros desde Las Ventas, un documental sobre personajes de la Comunidad y la película Ben-Hur. (Las pruebas habían empezado días antes, con la retransmisión de los 45 minutos que quedaban del partido entre el Osasuna y el Real Madrid que había sido suspendido por el lanzamiento de objetos en El Sadar).

Telmadrid era el quinto canal autonómico que se creaba tras los del País Vasco, Cataluña, Galicia y Andalucía. Una empresa PÚBLICA de comunicación pequeña, con pocos medios pero con una plantilla joven, con ganas de hacer una buena radiotelevisión, plural, independiente, cercana al ciudadano, de calidad y de servicio. Es muy significativo hoy ver como en el primer informativo de las emisiones regulares de Telemadrid, presentado por Hilario Pino, se hacía referencia a las denuncias de manipulación informativa en TVE a pesar de que eso suponía una crítica al partido que gobernaba entonces – el PSOE- tanto en la propia Comunidad de Madrid como en España.

La razón estaba aquí. En la Ley 13/1984, de 30 de junio, de Creación, Organización y Control Parlamentario del Ente Público Radio Televisión Madrid, que en su capítulo IV sobre Programación y control, Sección Primera de Principios Generales de la programación, artículo 13, fijaba con claridad el camino a seguir :

a) El respeto a los principios que forman la Constitución Española y el Estatuto de Madrid y a los derechos y libertades que en ellos se reconocen y garantizan.

b) La objetividad, la veracidad y la imparcialidad de las informaciones.

c) El respeto a la libertad de expresión.

d) La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los límites del apartado 4 del artículo 20 de la Constitución.

Los trabajadores que pusieron en marcha aquella pequeña Telemadrid , y los que después sumaron esfuerzos y la convirtieron en un referente de la información local madrileña, se habían ganado su plaza compitiendo con miles de candidatos en oposiciones y convocatorias públicas. Echaban más horas que un reloj porque les apasionaba su trabajo y creían en la televisión de servicio público. Estaban donde estuviera la noticia, emitían sin pausa acontecimientos históricos como la caída del Muro de Berlín o la Guerra del Golfo, daban espacio a todas las opiniones y todas las ideas, se hacían eco de las quejas de los ciudadanos y de los problemas de los barrios y pueblos de Madrid aunque molestase a los gobernantes. Hacían periodismo en definitiva.

Pero además, RadioTelevisión Madrid supo hacer buenos programas de servicio público (recuérdese el “Tele Empleo”, “A Saber” y tantos otros), buena programación infantil propia ( no podemos olvidar el “CyberClub”), creó formatos innovadores que luego se exportaron a otras cadenas (como “Madrid Directo”, ”Madrileños por el Mundo” o “La noche se mueve” presentado por el Gran Wyoming), y colaboró activamente con instituciones como la Feria del Libro , los Cursos de Verano de El Escorial o la Universidad Complutense (de cuya facultad de Ciencias de la Información salían nuestros becarios, que ahora, en cambio, llegan vía acuerdos de colaboración con las universidades privadas).

Todo eso cambió en 2003 con la llegada de Esperanza Aguirre a la Puerta del Sol. Ella trasformó Radio Televisión Madrid en un aparato de propaganda a su exclusivo servicio.

Los espectadores nos dieron de lado. La audiencia cayó hasta niveles ridículos (muy muy lejos del 20% de share que tenía Telemadrid cuando era de fiar) y la publicidad huyó de la cadena. Mientras los responsables del desaguisado (los mismos directivos que hoy continúan al frente de Telemadrid con sueldos superiores al del presidente del Gobierno) triplicaban la deuda de la empresa con incomprensibles y millonarias inversiones en “estrellas” y subproductos de productoras privadas amigas del PP. Además, duplicaban la redacción de informativos con leales aguirristas que sustituían a los profesionales que se negaban a manipular la información ( muchos periodistas de Telemadrid han estado siete años sin firmar una información ).

La plantilla de Telemadrid hizo cara desde el principio a esa agresión al derecho constitucional a la información de los madrileños desde la Plataforma Salvemostelemadrid. Se denunció en los tribunales, en la calle, en los medios de comunicación e incluso ante el propio Parlamento Europeo en 2007.
Y los trabajadores de Radio Televisión Madrid pagamos caro nuestro compromiso con los valores de pluralidad, independencia y servicio público. El 30 de abril de 2013 – antes de ayer – ha culminado el ERE puesto en marcha desde la Puerta del Sol por Ignacio González. Pero el exterminio laboral comenzó el 12 de enero de este año, con el despido a la carrera y por burofax de 790 buenos profesionales. (Hoy ya 829)

fusilamientos en telemadrid

El 12 de enero, los trabajadores de Telemadrid vivimos nuestro particular “Fusilamientos de la montaña del Príncipe Pío “. Pero no ha sido el final. La lucha ha seguido y seguirá. El pasado 9 de abril el Tribunal Superior de Justicia de Madrid sentenciaba como IMPROCDENTES los despidos del Ente Público Radio Televisión Madrid por tratarse de un ERE NO AJUSTADO A DERECHO. Una victoria que queremos completar con el NULO en el recurso que ya hemos puesto al Tribunal Supremo.

E Ignacio González , que hoy “celebra” el 2 de mayo desde una Telemadrid reducida a la mínima expresión, en manos de productoras privadas que subcontratan trabajadores mileuristas para sustituir a los despedidos y con un director general imputado por cinco delitos tan graves como la malversación de caudales públicos o la prevaricación, sabe o debe saber, que los trabajadores de Radio Televisión Madrid usaremos todas las armas legales y legítimas que estén en nuestras manos para recuperar nuestros empleos y devolver la cadena a sus legítimos propietarios : los madrileños.