Telemadrid: una historia de periodistas que explica la pantalla en negro

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Isabel García

Hoy espero un burofax, un mail, una llamada. Me van a despedir.

En otoño de 2003 Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid, después de unas elecciones repetidas por razones que todos sabemos y que no viene al caso recordar. Cuando empezó el cambio de directivos en Telemadrid, nadie en la Redacción de Informativos se sorprendió, estando como estábamos acostumbrados a que cualquier nuevo gobierno regional implicara movimientos en todos los estamentos de la casa (…)

Cuando aterrizaron los primeros directivos elegidos por Aguirre en la Redacción de Informativos, el cambio en la forma de actuar fue lento y paulatino. Como una lluvia fina, como si claramente la estrategia de los nuevos gestores de la información en Telemadrid fuera la de no mostrar su verdadera cara hasta que realmente fuese necesario. Con unas elecciones recién ganadas, el ambiente les era propicio. Aún así, comenzaron por aniquilar la información local: esa que hacía que muchos vecinos de Madrid llamasen antes a la Redacción de Telemadrid que al 112 o a los bomberos. Esa información que nos hacía estar los primeros en la aparatosa rotura de una tubería en el Paseo de las Delicias o en un atentado de ETA en Vallecas. Esa que nos llevaba a los 175 pueblos de la Comunidad, a los lugares más recónditos y alejados de la región, para denunciar un desmán ecológico, un atropello político, un fraude inmobiliario…. Ahora ya no se recuerda, o no quiere recordarse, pero Telemadrid era la televisión de los vecinos de Madrid (…)

La información nacional con la llegada de los mercenarios se convirtió- y son palabras textuales de un directivo de esta mísera época que comenzó en 2003- en una bomba incendiaria. “Aquí no manejamos información”- le espetó el Director de Informativos a una compañera de la redacción- “aquí manejamos bombas incendiarias”. “A Pilar Manjón, ni agua”, oí yo misma en una reunión de contenidos. Sin ningún complejo, los jefes de esta redacción iban desgranando su filosofía de lo que es para ellos el periodismo: “Nosotros trabajamos para quien nos paga”. “Si quieres voces críticas, pon la SER”. Zapatero, Obama, Palestina, la interrupción del embarazo, la píldora post-coital, los indignados, la izquierda abertzale, el PSOE, IU, los sindicatos, las asociaciones de vecinos, las víctimas del terrorismo que no fuesen la AVT… todo lo que se alejase de su ideario dejó de tener, en Telemadrid, el derecho a ofrecer su versión. Notable fue el cambio que se vivió en torno a la crisis económica, que comenzó siendo la plaga a la que Zapatero nos había abocado, con su irresponsabilidad, y que se tradujo en cientos de noticias, reportajes, editoriales, intervenciones de expertos y tertulianos a sueldo…. para pasar a ser -tras la llegada de Rajoy- una letanía de informaciones oficiales no comentadas, sin derecho al reportaje. Sin complejos.

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