Telemadrid y la ERT : Los conservadores griegos no juegan al golf

Si en el gobierno de Atenas hubiera gente que alternara en los ambientes deportivos en los que ejerce su magisterio doña Esperanza Aguirre, tanto da un campo de golf reservado a socios privilegiados como uno ilegal, hubieran aprendido maneras para acabar con una televisión pública sin acudir a los métodos de aquel legislador ateniense llamado Dracón.

Cerrar una televisión por decreto y ejecutar la orden en unas horas provoca reacciones incontrolables. Hasta una huelga general. No son formas. Y, además, es inexcusable que no se haya pedido consejo a unos correligionarios del arco mediterráneo que aspiran a lograr lo mismo con métodos más sutiles.

Si los conservadores griegos hubieran tenido la mínima curiosidad por saber cómo se hacen estas cosas en España no estarían hoy sometidos a la presión social ni a las condenas de muchas organizaciones profesionales de toda Europa.

Aquí tardamos un poco más pero el mismo objetivo se alcanza sin tantos traumas. Y no es tan difícil. Hay que empezar por desprestigiar y empobrecer tanto el contenido de la programación, hay que hacer tan sectarios los informativos, que, paulatinamente, los ciudadanos se vayan alejando de la cadena y la audiencia se convierta en residual.

A partir de ese punto se traslada machaconamente un mensaje: ¿Vale la pena dedicar una parte del presupuesto a algo que no sirve para nada? ¿Alguien prefiere que se privaticen un Centro de Salud o una escuela a cambio de mantener un telediario manipulado? “Hombre, te dicen hasta los amigos de izquierdas, la verdad es que, por mí, que cierren esa televisión. Hace años que no la veo, es insoportable” Pero, aquí, amigos griegos, como va a pasar en vuestra atormentada tierra, la televisión, como la materia, no desaparece: se transforma. Y se privatiza el negocio, en paralelo al de la Sanidad y la Educación.

Parece mentira que los griegos, padres del lenguaje, no hayan aprendido el concepto de “externalización”. En España es la fórmula mágica para que unos empresarios privados puedan ganar dinero en una empresa de titularidad pública deficitaria. Con los impuestos se paga la estructura imprescindible y se saca a subasta a parte de negocio que pueda ser rentable. La única contrapartida es que la línea editorial, el control de la información y la opinión, siga en las mismas manos que adjudican las concesiones.Sorprende que “Marca España” no haya organizado unos seminarios para exportar la fórmula y cobrara “royalties”.

Si tuviera ganas de ponerme solemne-ganas de perder el tiempo y el humor-traería aquí un argumentario sobre la necesidad de contar con unos medios públicos de comunicación que garantizaran la cohesión social, la divulgación de los valores democráticos, la información objetiva y plural, la difusión de la cultura, el respaldo a los creadores… En fin, esa concepción tan trasnochada de lo público que nos empeñamos en defender algunos dinosaurios.

Al conocerse la decisión brutal del gobierno griego, todos los portavoces políticos españoles han saltado a la palestra para asegurarnos que algo así es impensable entre nosotros. Y tienen razón. Porque no es necesario actuar así, tan burdamente. Es menos traumático asfixiar presupuestariamente a las televisiones y radios públicas, eliminar los procesos democráticos de designación de sus responsables y despreciar a los órganos de control, mientras se construye, a base de concesión de licencias y “externalizaciones”, una gigantesca red privada, monocolor en lo ideológico y clientelar en lo económico.

Si no venciera la tentación de ponerme trascendente, especularía sobre los orígenes de este mal, revisando la degradación del concepto de “servicio público”, que no afecta en exclusiva a la Comunicación. Pero entrar en ese terreno me podría llevar tan lejos como a analizar quienes dieron lugar, con su flaqueza, a permitir que, cualquier día, nos descubramos víctimas de un pensamiento único en los medios de comunicación.Parece que incluso esta voz de la izquierda les molesta. No la cerrarán por decreto. Prefieren la asfixia.

Eduardo Sotillos. Portavoz del PSOE en el Consejo de Administración del EPRTVM