Reality en la Asamblea de Madrid: diez años después del Tamayazo

El ex director general de Radio Televisión Madrid, Francisco Gímenez Alemán , nombrado para ese cargo por el entonces presidente regional Alberto Ruíz-Gallardón, recuerda en exclusiva para salvemostelemadrid el décimo aniversario del infausto “tamayazo”. Un acontecimiento seguido al minuto por Telemadrid que retransmitió en directo las sesiones de la Comisión de Investigación de la Asamblea de Madrid, batiendo todos los records de audiencia, llegando a alcanzar en algún momento el 70 % de share.

Un éxito profesional del que se congratula Giménez Alemán para el que, según el mismo cuenta, tuvo que resistirse a las presiones del Grupo Popular . Después del “tamayazo” nada volvió a ser igual en Telemadrid que hoy ha quedado reducida a la mínima expresión después de un ERE declarado no ajustado a derecho por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

FRANCISCO GIMÉNEZ-ALEMÁN | exdirector general de Telemadrid:

Los periodistas de mi generación, frisando ya los setenta, hemos sido testigos excepcionales de capítulos apasionantes de la Historia de España, desde la década final de la dictadura a las primeras elecciones democráticas del 15-J de 1977, pasando por la muerte de Franco, la inmolación de las Cortes franquistas, la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España, la legalización de PCE y la inmediata promulgación de la Constitución de 1978 con la que nuestro maltrecho país volvía a recobrar plenamente la democracia y por tanto las libertades. De aquellos años periodísticamente irrepetibles hago hoy memoria, con especial recuerdo del asesinato de los Abogados de Atocha que estremeció a toda España aquella noche del 24 de enero del 77.

La subsiguiente escalada del terror de ETA y la hirviente actividad política tan novedosa para los españoles nacidos después de la guerra civil, terminaban por configurar la escaleta de la actualidad en días, semanas y meses en los que en verdad los informadores no teníamos tiempo de aburrirnos. Sería prolija la relación de todos los acontecimientos relevantes de los años posteriores: el golpe de Estado del 23-F, la llegada al poder de Felipe González, el referéndum de la OTAN (“de entrada no”) y la histórica integración en Europa, pero dejaré a la memoria del lector el catálogo de noticias de primera página que se sucedían sin solución de continuidad, para centrarme en los sucesos ocurridos en la Asamblea de Madrid muchos años después (10 de junio de 2003) cuando se produjo lo que popularmente se dio en llamar el Tamayazo.

Dispuesta la retransmisión en directo por Telemadrid, asistí el 10 de junio desde la tribuna de invitados a la sesión plenaria de la Asamblea, un espacio que no lo hubiera diseñado mejor un artífice de platós de televisión. Tal es su perfecta estructura para los tiros de cámara con el impresionante cuadro de Lucio Muñoz sobre la mesa presidencial. Recuerdo que estuve sentado entre dos personas que más tarde darían que hablar. A mi izquierda, Gerardo Díaz Ferrán, entonces presidente de la patronal madrileña CEIM, y al otro lado el fiscal jefe de la Audiencia, Mariano Fernández Bermejo, quien luego sería ministro de Justicia y cazador cazado en sus horas libres.

Desde la barandilla del anfiteatro parlamentario asistí al espectáculo que empezaba a desarrollarse en el patio de butacas. Fernández Bermejo fue el primero en advertir que justo debajo de nosotros había dos escaños libres en el preciso momento en que la presidenta, Concepción Dancausa, mandaba cerrar las puertas para dar comienzo a una ajustada votación: 55 diputados del PP frente a la mayoría de izquierdas (56) suma de los votos del PSOE (47) e IU (9). Por tanto parecía segura la elección de Rafael Simancas como presidente de la Comunidad de Madrid.

tamayazoEl resto es bien sabido. Dos diputados socialistas, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, desaparecieron como por arte de magia y realizado el escrutinio, la candidata del PP obtuve un voto más que el socialista, pero, claro, sin alcanzar la mayoría absoluta.

Ante este escenario de ingobernabilidad, Esperanza Aguirre tomó la determinación semanas después de disolver la Asamblea y convocar elecciones para el mes de octubre.

En mi condición entonces de director general de Telemadrid, y puesto que la ley prescribía que había de mantenerme en el cargo hasta el nombramiento de mi sustituto, pude tener de primera mano las reacciones de las más variadas personalidades. Minutos después de estallar el escándalo acudí al despacho del presidente Ruiz-Gallardón en el recinto de la Asamblea. Estábamos allí solo cuatro personas, en medio de una tensión que se mascaba: el propio presidente de la Comunidad, el consejero de Presidencia, Manuel Cobo; el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Javier Ansuátegui y yo mismo. Ninguno dábamos crédito a lo ocurrido. Alberto Ruiz-Gallardón pidió comunicar con el presidente Aznar a quien le hizo un sucinto relato de lo ocurrido, y añadió: “Lo que pase a partir de ahora puedes seguirlo en Telemadrid”.

En efecto, la TV pública madrileña estaba en directo desde el comienzo de la sesión siguiendo al detalle los acontecimientos, en un espléndido ejercicio profesional del que fue responsable el director de Informativos, Alfonso García. En el magnífico relato que hace en su libro Felipe Serrano (El Tamayazo. Crónica de una traición) puede también comprobarse el gran servicio que la Cadena SER prestó ese día a una opinión pública desconcertada por los sucesos de Vallecas.

Sería días después cuando se decidió la constitución de una Comisión de Investigación con representantes de los tres grupos políticos que, eficazmente presidida por Francisco Granados, resultó bastante estéril como bien pudo apreciarse en sus conclusiones. Pero la tal comisión indagatoria fue de cabo a rabo retransmitida en directo por Telemadrid, lo que inmediatamente se convirtió en el mayor reality político programado hasta entonces en las televisiones españolas. Bien es verdad que quien esto suscribe tuvo que hacer frente, en nombre del buen Periodismo, a las presiones del Partido Popular que rechazaba de plano la petición del PSOE para que Telemadrid diese en directo las largas sesiones de la comisión. Y para la historia debe quedar este dato: el presidente en funciones, Ruiz-Gallardón, ni me llamó ni pude advertir de su parte la menor insinuación para que desistiera de la retransmisión que en aquel caluroso verano de 2003 alcanzaba audiencias jamás conocidas en los registros de la casa. Llegamos a tener puntas del 70 por ciento. Como tampoco me había mandado ningún recado cuando el 15 de febrero de 2003 Telemadrid retransmitió en directo la multitudinaria manifestación contra la participación de España en la guerra de Irak. Asunto informativo de la mayor incomodidad para el Gobierno del PP.

Hoy, diez años después recuerdo como uno de los mejores pasajes de mi vida profesional aquella decisión de ofrecer a la audiencia con la pulcritud del directo el debate parlamentario sobre unos hechos que representaron una vergüenza para los madrileños y de los que aun hoy se desconoce su intríngulis, por decirlo castizamente, por mucho que podamos suponer su impulso e incluso su presunta mano ejecutora. Telemadrid rayó tan alto como nunca lo había hecho al ofrecer a la gente información en estado puro: el gran reality, el mayor espectáculo de aquel verano que dio paso a un otoño en el que el PP se alzaría con la mayoría absoluta en la Asamblea y el nuevo Gobierno de Esperanza Aguirre laminaría de un plumazo la libertad de información que Alberto Ruiz-Gallardón y anteriormente Joaquín Leguina habían amparado y respaldado con su política de no intervención en las decisiones de Telemadrid.