Matar a una estrella

Un día llega un político y decide apropiarse de una estrella que pertenece a todos los ciudadanos, los que le han elegido y los que no. Para ejecutar su plan se rodea de una caterva de lacayos y excluye a quienes, durante mucho tiempo, han permitido que la estrella reluzca sobre todas las demás. Pero el político es avaricioso y los lacayos son torpes: la estrella se debilita y deja de brillar;  como ya no sirve a sus intereses, pone en venta lo que ha quedado: un agujero negro. 861 personas son sacrificadas. “Era necesario”, argumenta el político.

Ramón, Begoña, Pepe, Gustavo, Lorena y los dos Javis son la voz de esos 861 profesionales que contribuyeron -con su trabajo y su talento- a la construcción de un medio de comunicación público digno y respetable, y después vieron cómo otros se lo arrebataban. Los trabajadores de Telemadrid son los verdaderos protagonistas de Matar a una estrella. Al menos para mí, los verdugos no tienen nombre ni rostro.

El proyecto nació como un libro, pero al final parecía más lógico y coherente exponerlo en imágenes. Es lo que hemos hecho. Por eso tiene la forma de un relato itinerante. Matar a una estella es, ante todo, un trabajo colectivo. Y es, cómo sabéis, un relato inacabado. Las estrellas se ocultan o desaparecen de nuestra vista, pero nunca mueren del todo. La que pertenecía a los ciudadanos es hoy una supernova y tiene que estar en alguna parte. Por eso nuestra búsqueda, igual que nuestra lucha, continúa.

Carlos Guiñales

Unos de los 861 trabajadores despedidos de Telemadrid.