Por qué la noche más negra se me hizo la más corta

Andrés Erce :

El viernes entré a trabajar como un día normal, ¿normal? ya no recuerdo un día normal en Telemadrid. Tenía plató, pero nada en mi plannig. Aproveché para imprimirme las nóminas y recolectar documentos para el paro. Un rato después se me dijo que subiera a hacer el “Telenoticias sin fronteras”. Yo no lo tenía pero a mi jefe se le había olvidado planificarlo. Mal que bien, por lo menos, el último día me había tocado hacer uno de los pocos programas dignos que quedaban en la casa. Es el único programa dedicado a los inmigrantes y hecho por los periodistas represaliados de la redacción. Henry Molano, el presentador, se lo tomaba con filosofía. Sabe que le van a despedir por apoyarnos en las manifestaciones.

Después del programa me entretuve hablando con Antonio Moreno, uno de los mejores realizadores, y persona, que he conocido en la tele. Estoy con el peto en la redacción, provocando. Cuando bajo al cuarto de cámaras me entero de que nos hemos ido a negro. Intentamos verlo en nuestros televisores, pero es imposible, son dos teles de tubo, cuatro tercios y con mala recepción. ¡Ya nos vale!

Subimos a la Asamblea organizada en la cafetería (cerrada, da una pena) y votamos por la asamblea permanente y dormir en el edificio.

Los cámaras tenemos la suerte de contar con Mario Zapardiel, que visto lo visto se ha montado una pizzeria con un socio. Mario nos proveerá de ricas pizzas y bebida. La cena, a pesar de la situación, no puede ser más divertida. Las pizzas nos las pasan a través de la verja del parking, ante la atenta mirada de los vigilantes, que acabaran comiendo también un trozo de pizza.

encierro trabajadores telemadrid

A eso de las tres de la mañana se nos ocurre a cinco cámaras subir a ver como andan los compañeros que están por arriba. Los cámaras estamos en el sótano y subimos por una escalera con un techo alto que resuena. Creo que fue Yolanda la que empieza a cantar. ¡Oe! ¡Oa! Quiero una tele donde digan la verdad… El eco hace que parezcamos el orfeón donostiarra. Llegamos a la cafetería y la gente, cansada y soñolienta alucina. Se nos empiezan a unir y acabamos por recorrer el edificio cantando unos cien compañeros, por lo menos. Terminamos en el atrio cantando y bailando. Los vigilantes jurados alucinan también. Hasta uno me dice que incluso en esa situación tenemos la dignidad de fumar por las escaleras y no dentro del edificio.

A las cuatro de la mañana Marga contacta por WhatsApp con Dani. Al cabo de un rato este se presenta en su vespa. Viene desde Moratalaz con las cervezas que tenía en casa. Repartimos las escasas latas entre todos y brindamos por compañeros como Dani, y por nosotros.
Un rato después se presenta Nachón con grandes bizcochos, leche y colacao. Los bizcochos los ha hecho su mujer, están calientes y riquísimos.

Decido dormir un poco. En el cuarto de cámaras hay gente durmiendo y otros jugando al mus, con algún redactor que se ha unido al grupo. Me meto a dormir en el asiento trasero de una de nuestras rancheras. Consigo echar una cabezada hasta que unas voces me desvelan. Unos compañeros están fuera, fumando y flipan al verme salir de coche. Pasamos un buen rato riendo recordando anécdotas de tantos años trabajando en nuestra tele. Se van y yo vuelvo al coche. Al amanecer empiezo a sentir frío y decido ir al cuarto a por una chupa para taparme. Salgo otra vez y dos vigilantes me dan los buenos días. Ya no duermo más.

Aparece Jorge, no le han dejado entrar a pesar de ser su turno. Son las siete. Le han dado un papel para que se vaya a casa a esperar el burofax. También nos pasa víveres.

Sale el sol y cada vez aparecen más compañeros con café , churros y porras. Desayunamos de lujo. Después subimos a la asamblea y se decide salir a las doce. Estamos cansados pero contentos. Nos vamos reuniendo todos y se decide salir por abajo, por nuestro cuarto. Vamos bajando todos y al llegar al cuarto abro las puertas, echo un último vistazo y la rabia me hace hacer un corte de mangas. Veo a compañeros a los que no conozco que me miran y se ríen.

Un vigilante de los nuevos se despide de mi con un apretón de manos. No nos conocen pero para ellos también es un mal trago.
Salimos todos y voy acompañado por Viky Griffin, que me ha dicho que quería salir conmigo y que me cuenta, llorando, como ha visto a cuatro vigilantes de toda la vida llorando por que les han obligado a retirar una de nuestras pancartas.

Cuando vemos a toda la gente que nos esta esperando fuera el que flipa soy yo. Cuando salgo voy buscando entre la multitud a mis compañeros.Besos y abrazos. Algunos me dicen que ha sido un honor trabajar conmigo, ahí si que me cuesta no ponerme a llorar por la emoción.

La noche más negra ha sido la más emocionante de mi vida.

Andrés Erce Lizarraga. Cámara de Telemadrid durante veintiún años.